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Búho en recuperación lleva comida a su amigo gato

Chris Pretorius, un joven de Sudáfrica, se hizo amigo de un búho manchado (Bubo africanus) que llegó a su granja lesionado. Chris mantuvo al búho en interiores por un par de meses mientras se recuperaba. Durante este tiempo uno de los gatos empezó a visitar el estudio de Chris, donde tenía al búho; Chris dice que solo permitió a ese gato entrar porque nunca antes había mostrado interés en aves o ratones.

Durante este periodo el gato y el búho se acostumbraron a la compañía mutua. Cuando el búho se recuperó empezó a salir del inmueble —sobre todo en las noches, para cazar— pero regresaba a dormir en el día. Chris adoptó otro búho lesionado, que alimenta el búho que ya pueda moverse libremente.

Para la sorpresa de Chris un día el búho regresó con una rata, la cual quiso compartir con su amigo felino —aunque a este no le gustan las ratas— en una conmovedora muestra de amistad entre especies generalmente poco amables entre sí (el búho, en cambio, no permitió a los otros gatos que se le acercaran).

La empatía del búho se demuestra además de su intento de alimentar también a Chris, acaso en agradecimiento por su atención cuando estaba lesionado.


El corazón de un gato

Era una tarde de invierno, cuando Ana vio una gata amamantando a su camada de cachorros recién nacidos en la esquina de un garaje cercano a su casa. En vista de la tormenta que se avecinaba, Ana, sin dudarlo, decidió rescatarlos y darles refugio en su pequeño apartamento hasta que les encontrara un hogar definitivo a cada uno de ellos. Había un gato rubio, uno negro y dos blancos y atigrados que no se separaban ni un momento el uno del otro. Esta es la historia del destino de estos dos gatos hermanos, la historia de nuestros queridísimos Simba y Breiky.
Simba cabía en la palma de una mano cuando Susana, que por aquel entonces tenía tan solo catorce años, pensó que quizá sus padres le darían permiso para compartir su casa con ellos. Y así fue, los padres se encariñaron con Simba nada más verle y, como ocurre con los bebés humanos, cuando fue adoptado, pasó a formar parte de su familia por siempre jamás. Simba vivía con Susana y sus otros hermanos animales y humanos, siempre juntos, en lo bueno y en lo malo.
A Breiky lo recogió una pareja joven, por la que el gato sintió desde el primer instante una lealtad y un cariño incondicionales, como miembros de su manada y padres humanos que eran.
Simba y Breiky saltaban la verja de sus respectivos jardines todos los días para estar juntos. Jugaban, correteaban y tomaban el sol sobre el césped en la mejor compañía.
Un día, los padres de Breiky recibieron con alegría la noticia de que iban a tener un cachorro humano. El gati, con su habilidad felina para captar las emociones de las personas, supo que algo bueno iba a ocurrir y se alegró con la misma intensidad que lo hacían sus padres. Sin embargo, estos empezaron a escuchar los rumores de otros padres humanos que decían que los gatos eran seres envidiosos que podían atacar a los bebés humanos por la noche, que los niños podían padecer enfermedades terribles a causa de la presencia de un gato en la casa, y poco a poco, el cariño que sentían por Breiky se fue transformando en desconfianza y distanciamiento.
Cuando nació la hermana humana de Breiky, el gato se posaba cerca de su cunita para cuidarla y recrearse en su inocente y dulce olor a bebé. Los padres, cegados por el miedo y la ignorancia de los cuchicheos de los otros humanos, decidieron que Breiky ya no era un ser querido y se lo llevaron al refugio de gatos más cercano. En el fondo, ellos sabían que lo que hacían con el animal era algo horrible, así que de vez en cuando le iban a visitar a Amigat para calmar su culpa. Pero el daño que causaron en el corazón de Breiky fue irreparable, se sintió abandonado, tirado a la calle, despreciado por sus padres. En lo más hondo de su fiel y puro corazón de gato se quedó la tristeza. Breiky dejó de comer en el refugio, esperando que en la siguiente visita sus padres le llevaran de nuevo a casa, pero esto nunca ocurrió. A pesar de los mimos y las atenciones que recibía de los voluntarios y toda las personas que estaban empeñadas en que Breiky sobreviviera a la tristeza, nada pudieron hacer por él y su gran corazón de gato.
Y así es como Simba, cada noche mira desde la ventana del cuarto de Susana y maulla llamando a su hermano querido. Él no entiende las cosas que hacen algunos humanos y pide explicaciones al cielo.
Una noche de Luna llena, ésta le respondió: "no te apenes Simba, tu hermano donde está ya no sufre, me da recuerdos para ti y todas las personas que sienten el amor de los animales en su corazón".


Fábula del erizo



 ¿Alguna vez has visto un cachorro  de erizo?

La fábula del  erizo durante la Edad de Hielo, muchos animales murieron a causa del frío. Los erizos dándose cuenta de la  situación, decidieron unirse en grupos. De esa manera, se abrigarían y protegerían entre sí, pero las espinas de cada uno herían a los compañeros más cercanos, justo los que ofrecían más calor. Por lo tanto decidieron alejarse unos de otros y empezaron a morir congelados. Así que tuvieron que hacer una elección, o aceptaban  las espinas de sus compañeros o desaparecían de la Tierra.
Con sabiduría, decidieron volver a estar juntos. De esa forma aprendieron a convivir con las pequeñas heridas que la relación con una persona muy cercana puede ocasionar, ya que lo más importante es el calor del otro. De esa forma pudieron sobrevivir.
Moraleja de la  historia: La mejor relación no es  aquella que une a personas perfectas, sino aquella en que cada individuo aprende a vivir con  los defectos de los demás y admirar sus cualidades.

Historia enviada por Pilar.

La leyenda de las gatas de los rayos de sol

Cuenta la leyenda que ……

Cuenta la leyenda que, hace varios siglos, el Sol le suplicó a la Luna que le tapara un rato, que le diera una coartada para ausentarse del cielo, para bajar a la Tierra y ser libre, aunque sólo fuera un momento. El Sol quería dejar de ser el centro del Universo, quería que nadie se diera cuenta de su presencia, pasar inadvertido para sentirse liberado de tanta presión. La Luna, ante tanta súplica, accedió, y un día de junio cuando el sól más brillaba, la Luna se acercó al Sol, y le fue cubriendo, poco a poco, para que a los mortales de la época no les sorprendiera de golpe la oscuridad.
El Sol, que desde lo alto hacía millones de años que observaba la faz de la Tierra, no lo dudó, para sentirse libre y pasar desapercibido se hizo corpóreo en el ser más perfecto, rápido y discreto que había; UNA GATA NEGRA. La Luna, perezosa, en seguida se sintió cansada, y sin avisar a su amigo Sol, se fué apartando. Cuando Sol se dió cuenta ya era demasiado tarde, salió corriendo hacia el Cielo, y tan rápido huyó, que se dejó en su morada momentánea parte de él; cientos de rayos de Sol se quedaron dentro de la Gata Negra.
Desde entonces, todos los gatos que nacieron de la Gata Negra eran lo que nosotros, por desconocimiento, llamamos GATOS CAREY. Su manto oscuro se ve roto por cientos de rayos rojos, amarillos y naranjas. Y lo que la gente tampoco sabe es que su origen solar les atribuye propiedades mágicas, ya que atraen la buena suerte y las energías positivas.


¡¡ Hola Himalaya!! Una gatita de los rayos de sol muy querida.

Los pensamientos de Vanesa


Vanesa nos regala unos pensamientos sobre los animales después de una Jornada educativa de Huellas Cantabria: "No me gustó que los animales del circo estuvieran en jaulas. Y lo que más me gustó fueron las buenas cosas de Aspacan y Amigat. Estoy muy triste por los perros y gatos sin amos. Si yo pudiera adoptaría todos los animales perros y gatos aunque no me gusten. Y liberar a todos los animales del circo. Ojalá yo fuese el Alcalde para hacer eso. Pero yo qué voy a hacer.."

La ardilla


Desde el cole de Cicero nos llega una poesía con un mensaje "¿qué elegirá la ardilla, la jaula o el agujero de un árbol?"

Caperucita Roja (contada por el lobo)


El bosque era mi casa. Allí vivía yo y lo cuidaba. Procuraba tenerlo siempre limpio y arreglado. Un día de sol, mientras estaba recogiendo la basura que habían dejado unos domingueros, oí unos pasos.
De un salto me escondí detrás de un árbol y vi a una chiquilla más bien pequeña que bajaba por el sendero llevando una cestita en la mano. En seguida sospeché de ella porque vestía de una forma un poco estrafalaria, toda de rojo, con la cabeza cubierta, como si no quisiera ser reconocida. Naturalmente me paré para ver quién era y le pregunté cómo se llamaba, a dónde iba y cosas por el estilo. Me contó que iba a llevar la comida a su abuelita y me pareció una persona honesta y buena, pero lo cierto es que estaba en mi bosque y resultaba sospechosa con aquella extraña caperuza, así que le advertí, sencillamente, de lo peligroso que era atravesar el bosque sin antes haber pedido permiso y con un atuendo tan raro. Después la dejé que se fuera por su camino pero yo me apresuré a ir a ver a su abuelita.
Cuando vi a aquella simpática viejecita le expliqué el problema y ella estuvo de acuerdo en que su nieta necesitaba una lección. Quedamos en que se quedaría fuera de la casa, pero la verdad es que se escondió debajo de la cama: yo me vestí con sus ropas y me metí dentro. Cuando llegó la niña la invité a entrar en el dormitorio y ella en seguida dijo algo poco agradable sobre mis grandes orejas. Ya con anterioridad me había dicho otra cosa desagradable, pero hice lo que pude para justificar que mis grandes orejas me permitirían oírla mejor. Quise decirle también que me encantaba escucharla y que quería prestar mucha atención a lo que me decía, pero ella hizo en seguida otro comentario sobre mis ojos saltones. Podéis imaginar que empecé a sentir cierta antipatía por esta niña que aparentemente era muy buena, pero bien poco simpática. Sin embargo, como ya es costumbre en mí poner la otra mejilla, le dije que mis ojos grandes me servirían para verla mejor.

El insulto siguiente sí que de veras me hirió. Es cierto que tengo grandes problemas con mis dientes que son enormes, pero aquella niña hizo un comentario muy duro refiriéndose a ellos y aunque sé que hubiera tenido que controlarme mejor, salté de la cama y le dije furioso que mis dientes me servían ¡para comérmela mejor!
Ahora, seamos sinceros, todo el mundo sabe que ningún lobo se comería a una niña. Pero aquella loca chiquilla empezó a correr por la casa gritando y yo detrás, intentando calmarla hasta que se abrió de improviso la puerta y apareció un guardabosque con un hacha en la mano. Lo peor es que yo me había quitado ya el vestido de la abuela y en seguida vi que estaba metido en un lío, así que me lancé por una ventana que había abierta y corrí lo más veloz que pude.
Me gustaría decir que así fue el final de todo aquel asunto, pero aquella abuelita nunca contó la verdad de la historia. Poco después empezó a circular la voz de que yo era un tipo malo y antipático y todos empezaron a evitarme.
No sé nada de aquella niña con aquella extravagante caperuza roja, pero después de aquel percance ya nunca he vuelto a vivir en paz.
(Lief Fehar)

Vuestras Historias de Animales

Seguro que a vosotros también os han pasado cosas interesantes con los animales. Si conoces algún caso curioso o quieres que publiquemos tu historia sobre animales, envíanosla (en formato word o jpg) al email marisunny77@hotmail.com y la verás en breve en esta sección.